Tratamientos
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Osteoartrosis tratada con protesis de rodilla y de cadera
La osteoartrosis se caracteriza por la degeneración y pérdida del cartílago articular, exponiendo el hueso subcondral en las articulaciones de cadera y rodilla. Esta afección, que puede ser provocada por factores como la edad, el sobrepeso o lesiones, genera síntomas como dolor, inflamación, rigidez y limitación de la movilidad.
La artroplastia total de rodilla o cadera, comúnmente conocida como reemplazo articular, es un procedimiento quirúrgico que busca aliviar el dolor en un 85 a 95% de los casos y mejorar la función y estabilidad de la articulación. La cirugía dura entre 1 y 1.5 horas y se planifica previamente mediante estudios de imagen para asegurar el correcto tamaño y posición de las prótesis. Se utiliza anestesia general o bloqueo espinal, y el procedimiento involucra la resección de las superficies articulares dañadas y la inserción de componentes protésicos fijos. Los beneficios a corto y medio plazo suelen superar los riesgos, con un 80-95% de mejoría en los síntomas.
Existen alternativas como la rehabilitación, el uso de aparatos ortopédicos temporales y tratamiento farmacológico para el dolor, aunque estos pueden conllevar riesgos adicionales.

Fracturas tratadas con cirugía
Las fracturas son la pérdida de continuidad del hueso, que pueden ir acompañadas de desplazamiento, angulación y deformidades. Estas pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo y afectan tanto huesos largos como otras estructuras. Las fracturas pueden clasificarse como expuestas o cerradas, simples o complejas, e involucran distintos niveles de gravedad. Ocurren a menudo debido a traumatismos, enfermedades como la osteoporosis o condiciones como la edad, sobrepeso. Habitualmente presentan síntomas como dolor, inflamación y limitación de la movilidad. El tratamiento quirúrgico para las fracturas incluye la reducción (acomadar) y fijación interna, externa o percutánea, y se realiza bajo anestesia general o bloqueo espinal. La intervención puede durar de 1 a 2 horas y busca aliviar el dolor en un 85 a 95% de los casos, mejorar la función y estabilizar la fractura para permitir una rehabilitación temprana. Se realiza una planeación preoperatoria con estudios de imagen para asegurar el correcto alineamiento de los fragmentos óseos. A pesar de los beneficios a corto y medio plazo, como una mejoría del 80-95% en los síntomas, existen alternativas como la rehabilitación, aparatos ortopédicos externos, y tratamiento farmacológico, cada uno con sus propios riesgos y limitaciones.


Ruptura de ligamento cruzado anterior tratada con cirugía
La ruptura del ligamento cruzado anterior (LCA) es una lesión común que resulta de la fatiga de las fibras de colágeno que componen el ligamento. Esta ruptura suele ocurrir durante actividades deportivas que implican cambios bruscos de dirección, como el fútbol o el esquí, así como por movimientos que provocan hiperextensión de la rodilla. A menudo, la lesión del LCA está asociada con otras lesiones de rodilla, como rupturas meniscales o lesiones en ligamentos colaterales. Los síntomas incluyen dolor agudo, inflamación, rigidez, limitación de movilidad y una sensación de inestabilidad.
El tratamiento quirúrgico para la ruptura del LCA se realiza a través de artroscopia, un procedimiento que implica incisiones pequeñas para acceder a la articulación de la rodilla. Durante la cirugía, se pueden utilizar tornillos bioabsorbibles y botones de titanio para fijar injertos de tendones, que pueden ser del propio paciente o de donantes. La intervención dura entre una y dos horas y busca aliviar el dolor, mejorar la función articular y prevenir futuros episodios de inestabilidad.
El proceso de rehabilitación es crucial y se divide en varias etapas. En las primeras dos semanas, el enfoque está en soportar el peso y mejorar el rango de movilidad. A medida que avanza la rehabilitación, se introduce el fortalecimiento y el uso progresivo de una rodillera mecánica en caso de lesiones meniscales. Los resultados de la cirugía suelen ser positivos a largo plazo, con un alto porcentaje de pacientes que mantienen estabilidad en la rodilla.
Existen alternativas al tratamiento quirúrgico, como la rehabilitación física, que a veces puede no ser efectiva y podría agravar los síntomas. También se pueden considerar ortesis como solución temporal o tratamientos farmacológicos, aunque estos últimos conllevan riesgos potenciales, como hemorragias gastrointestinales y problemas renales. En general, un manejo adecuado de la ruptura del LCA es fundamental para recuperar la función de la rodilla y permitir un regreso seguro a la actividad deportiva.
Lesiones de menisco tratadas con cirugía
Las lesiones de meniscos, que son unos fibrocatilagos que se encuentran en la rodilla. Pueden ser traumáticas, comunes en deportistas, o degenerativas, asociadas al envejecimiento. Su tratamiento depende del tipo y gravedad de la lesión, así como la edad, la actividad física. Cuando el daño es significativo y causa dolor persistente o bloqueo articular, se puede optar por cirugía. La meniscectomía parcial (quitar una parte del menisco) consiste en retirar la parte dañada, con recuperación rápida pero mayor riesgo de artrosis. La sutura meniscal busca reparar el tejido y preservar su función, aunque técnicamente mas difícil tiene beneficios en la sobreviva de la rodilla, disminuyendo la posibilidad de desgaste prematuro. La sutura meniscal requiere un proceso de rehabilitación más largo. Para lesiones menores o degenerativas, se prefiere el tratamiento conservador con reposo, fisioterapia, y antiinflamatorios. La elección del tratamiento depende de factores como la edad, nivel de actividad física y extensión del daño, priorizando siempre la conservación del menisco cuando sea posible para prevenir problemas articulares a largo plazo.


Luxación del hombro tratada con cirugía
La inestabilidad glenohumeral, o luxación del hombro, se produce cuando la cabeza del húmero se desplaza de su lugar en la cavidad glenoidea, lo que causa deformidad en el hombro. Este tipo de luxación es principalmente anterior (95% de los casos) y puede provocar daños en estructuras como el ligamento glenohumeral medio y el labrum, además de fracturas como la de Hill Sachs. Cuantas más luxaciones ocurren, mayor es el daño y la inestabilidad, lo que genera síntomas como dolor, inflamación y pérdida de movilidad.
La cirugía para corregir esta inestabilidad se llama reconstrucción de Bankart, que se realiza mediante artroscopia. Este procedimiento implica pequeñas incisiones para acceder a la articulación y usar anclas para fijar el labrum y los ligamentos al hueso. En caso de fractura de Hill Sachs, se puede realizar un procedimiento llamado remplisage para rellenar el defecto óseo con el tendón infraespinoso.
La cirugía se lleva a cabo bajo anestesia general y dura de 2 a 3 horas, con un éxito en la reducción de luxaciones entre el 65% y el 96%. Sin embargo, el dolor y la inflamación pueden persistir. La rehabilitación postoperatoria se extiende durante varias semanas, comenzando con ejercicios pasivos y progresando a actividades más intensas, permitiendo el regreso a deportes después de seis meses.
Existen alternativas al tratamiento quirúrgico, como la rehabilitación física y el uso de ortesis, aunque estos pueden no ser efectivos en todos los casos. Además, los medicamentos para el dolor pueden tener riesgos asociados. Un manejo adecuado de la luxación glenohumeral es esencial para restaurar la función del hombro y permitir un retorno seguro a las actividades diarias y deportivas.
Ruptura del manguito rotador tratado con cirugía
La ruptura del manguito rotador se debe a la degeneración de los tendones que lo componen, lo que puede resultar en pérdida de continuidad y retracción del tendón, así como infiltración grasa. Factores como la edad, el estilo de vida y actividades que exigen el uso del brazo por encima de la cabeza contribuyen a esta condición. Los síntomas incluyen dolor, inflamación, rigidez y limitación de movilidad.
La reparación del manguito rotador se realiza mediante artroscopia, utilizando pequeñas incisiones y una cámara para visualizar las estructuras afectadas. Se utilizan anclas para fijar los tendones al hueso, y en algunos casos, es necesario eliminar tejido que causa pinzamientos. La cirugía dura entre 2 y 3 horas y se ejecuta bajo anestesia general.
Los objetivos son aliviar el dolor (85-95% de éxito), mejorar la función y la movilidad del hombro. La rehabilitación es crucial y se extiende por un año, comenzando con ejercicios pasivos y avanzando a fortalecimiento activo.
Otras opciones de tratamiento incluyen rehabilitación física, ortesis temporales y manejo del dolor con medicamentos, aunque estos pueden conllevar riesgos.
